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domingo, octubre 11, 2026

El Estrecho de Ormuz y la Geopolítica Energética

 

Por: Nelson Hernández

El Estrecho de Ormuz es un punto neurálgico de la geopolítica energética global que merece ser analizado desde la perspectiva de la  vulnerabilidad del suministro tradicional  de petróleo y GNL, con la inercia real de los mercados y las políticas de inventarios (reservas estratégicas).

Hoy por hoy, el Estrecho de Ormuz se ha convertido en un factor clave para masificar las fuentes energéticas solar y la eólica, pero no por una razón puramente ambiental o de cambio climático, sino por una cruda ecuación de seguridad nacional y soberanía energética.

 

A continuación un breve análisis que soporta la afirmación anterior:

1. El Estrecho de Ormuz: La yugular fósil del planeta

 

Por este angosto paso marítimo transita aproximadamente la quinta parte del petróleo consumido en el mundo y una porción gigantesca del gas natural licuado (GNL) proveniente del Golfo Pérsico.

  • El riesgo sistémico: Cualquier tensión geopolítica, bloqueo o conflagración en esa zona paraliza de inmediato los flujos hacia los grandes centros de demanda en Asia (China, Japón, India) y Europa.
  • El catalizador renovable: Para los países importadores netos de energía que carecen de recursos fósiles propios, depender de un "cuello de botella" militarizado significa estar a merced de la volatilidad extrema de precios y de la interrupción física del suministro. Es aquí donde la energía solar fotovoltaica y la eólica dejan de verse solo como tecnologías "verdes" para transformarse en la única verdadera fuente de energía autóctona y de cero riesgo geopolítico. Cada kilovatio-hora generado por paneles solares locales en techos o desiertos es un kilovatio-hora que no depende de que un tanquero cruce u Ormuz sea cerrado.

2. ¿Por qué a los países "no les ha afectado en demasía" la problemática del suministro, ni reponen sus reservas estratégicas (SPR)?

 

El mercado energético actual, ya no depende exclusivamente del petróleo debido a que las prioridades energéticas han cambiado y continúan cambiando. Cada día, la presencia de las renovables en la matriz energética global es mayor.

  • El cambio en la matriz de demanda (La electrificación silenciosa): El petróleo ya no domina de forma absoluta todos los sectores energéticos como en las crisis de los años 70 u 80. El sector transporte —el mayor consumidor de crudo— está sufriendo una transformación estructural profunda gracias a la penetración masiva de vehículos eléctricos (VE) y a mejoras drásticas en eficiencia energética, especialmente en China y Europa. El mundo ya no es tan "elásticamente dependiente" de cada barril adicional para mantener encendida su economía básica.
  • La revolución del Shale y la diversificación geográfica: Estados Unidos pasó de ser el importador más vulnerable del Golfo Pérsico a convertirse en el mayor productor mundial gracias al fracking. Aunque el mercado petrolero es global y un shock en Ormuz dispararía los precios en todas partes, la estructura de oferta global se ha descentralizado geográficamente (América, Guyana, Cuenca Permian).
  • La fatiga fiscal y el costo de oportunidad de las Reservas Estratégicas (SPR): Rellenar las reservas estratégicas (como la de Estados Unidos  o las de la Agencia Internacional de Energía) a precios de mercado actuales implica un desembolso fiscal monumental para los gobiernos. La estrategia seguida es gastar ese capital político y monetario en subsidiar cadenas de suministro de semiconductores, minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras) y componentes para la transición energética local, asumiendo que el riesgo de precio del petróleo es "manejable" mediante el uso de reservas de emergencia limitadas y la respuesta rápida del suministro no OPEP.

3. La paradoja: Seguridad geopolítica vs. Inercia de mercado

 

Paradójicamente, aunque los gobiernos reconocen que Ormuz es una espada de Damocles permanente, el mercado actúa con una miopía cortoplacista. Mientras no ocurra un cierre prolongado que colapse físicamente los mercados de crudo, los tomadores de decisiones gubernamentales y corporativas tienden a descontar el riesgo geopolítico como "ruido de fondo".

 

Sin embargo, los estrategas militares y energéticos en Beijing, Bruselas o Washington saben perfectamente que la verdadera independencia frente a las crisis de Ormuz no se logra comprando más tanqueros, sino desplegando gigavatios de energía solar y almacenamiento en baterías (BESS) a una velocidad implacable. La solar es la respuesta asimétrica más contundente frente a los puntos de estrangulamiento marítimo del petróleo.

 

 

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