Por: Nelson Hernández
El
Estrecho de Ormuz es un punto neurálgico
de la geopolítica energética global que merece ser analizado desde la
perspectiva de la vulnerabilidad del
suministro tradicional de petróleo y
GNL, con la inercia real de los mercados y las políticas de inventarios
(reservas estratégicas).
Hoy por hoy, el Estrecho de Ormuz se ha
convertido en un factor clave para masificar las fuentes energéticas solar y la
eólica, pero no por una razón puramente ambiental o de
cambio climático, sino por una cruda ecuación de seguridad nacional y soberanía
energética.
A continuación un breve análisis que soporta la
afirmación anterior:
1.
El Estrecho de Ormuz: La yugular fósil del planeta
Por este angosto paso marítimo transita
aproximadamente la quinta parte del petróleo consumido en el
mundo y una porción gigantesca del gas natural licuado (GNL)
proveniente del Golfo Pérsico.
- El riesgo
sistémico: Cualquier tensión geopolítica, bloqueo o conflagración en esa zona
paraliza de inmediato los flujos hacia los grandes centros de demanda en
Asia (China, Japón, India) y Europa.
- El catalizador
renovable: Para los países importadores netos de energía que carecen de recursos
fósiles propios, depender de un "cuello de botella" militarizado
significa estar a merced de la volatilidad extrema de precios y de la
interrupción física del suministro. Es aquí donde la energía solar fotovoltaica y la eólica dejan de verse solo
como tecnologías "verdes" para transformarse en la única verdadera fuente de energía autóctona y de cero
riesgo geopolítico. Cada kilovatio-hora generado por paneles
solares locales en techos o desiertos es un kilovatio-hora que no depende
de que un tanquero cruce u Ormuz sea cerrado.
2.
¿Por qué a los países "no les ha afectado en demasía" la problemática
del suministro, ni reponen sus reservas estratégicas (SPR)?
El mercado energético actual, ya no depende
exclusivamente del petróleo debido a que las prioridades energéticas han
cambiado y continúan cambiando. Cada día, la presencia de las renovables en la
matriz energética global es mayor.
- El cambio en la
matriz de demanda (La electrificación silenciosa): El
petróleo ya no domina de forma absoluta todos los sectores energéticos
como en las crisis de los años 70 u 80. El sector transporte —el mayor
consumidor de crudo— está sufriendo una transformación estructural
profunda gracias a la penetración masiva de vehículos eléctricos (VE) y a
mejoras drásticas en eficiencia energética, especialmente en China y Europa.
El mundo ya no es tan "elásticamente dependiente" de cada barril
adicional para mantener encendida su economía básica.
- La revolución
del Shale y la diversificación geográfica: Estados
Unidos pasó de ser el importador más vulnerable del Golfo Pérsico a
convertirse en el mayor productor mundial gracias al fracking. Aunque el
mercado petrolero es global y un shock en Ormuz dispararía los precios en
todas partes, la estructura de oferta global se ha descentralizado
geográficamente (América, Guyana, Cuenca Permian).
- La fatiga fiscal
y el costo de oportunidad de las Reservas Estratégicas (SPR): Rellenar
las reservas estratégicas (como la de Estados Unidos o las de la Agencia Internacional de
Energía) a precios de mercado actuales implica un desembolso fiscal
monumental para los gobiernos. La estrategia seguida es gastar ese capital
político y monetario en subsidiar cadenas de suministro de
semiconductores, minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras) y
componentes para la transición energética local, asumiendo que el riesgo
de precio del petróleo es "manejable" mediante el uso de
reservas de emergencia limitadas y la respuesta rápida del suministro no
OPEP.
3.
La paradoja: Seguridad geopolítica vs. Inercia de mercado
Paradójicamente, aunque los gobiernos reconocen que
Ormuz es una espada de Damocles permanente, el mercado actúa con una miopía
cortoplacista. Mientras no ocurra un cierre prolongado que colapse
físicamente los mercados de crudo, los tomadores de decisiones gubernamentales
y corporativas tienden a descontar el riesgo geopolítico como "ruido de
fondo".
Sin embargo, los estrategas militares y energéticos en
Beijing, Bruselas o Washington saben perfectamente que la verdadera independencia frente a las crisis de Ormuz no se
logra comprando más tanqueros, sino desplegando gigavatios de energía solar y
almacenamiento en baterías (BESS) a una velocidad implacable. La
solar es la respuesta asimétrica más contundente frente a los puntos de
estrangulamiento marítimo del petróleo.


